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Osteopatía pediátrica

Un seguimiento osteopático debe hacerse desde el embarazo, ya que se podrían evitar problemas añadidos, a lo que de por sí representa a veces, tanto para la madre como para el niño, el trauma de un parto en el que se han utilizado fórceps, espátula o practicado una cesárea.

Durante el parto, la cabeza del bebé debe encajarse sin inconvenientes en la pelvis de la madre. La cabeza del niño está sometida a fuertes presiones provocando un desequilibrio mecánico de las membranas y los huesos.

El bebé ha de girar y torsionarse mientras se desliza por la pelvis ósea, en su corto pero altamente estimulante camino y gracias a que el cráneo del bebé es movible y dinámico, tiene la capacidad de deformarse y de absorber las tensiones durante su paso por el canal del parto.

A partir de los primeros días, las deformidades craneales remiten de manera espontánea cuando comienzan las funciones de succión, llanto…, aunque su remisión no siempre es completa. Es aquí donde interviene la osteopatía para volver a poner en armonía las suturas craneales cuando el cuerpo no lo hace de manera natural.

Un bebé con tensión estará muy incómodo por lo que se verá afectado su comportamiento y su desarrollo.

La osteopatía en el bebé

Consiste en armonizar el cráneo en lo concerniente a las suturas, membranas y líquidos.